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Catar las colmenas

13 Mar

Olmo nevado

 

A finales de marzo era cuando mi familia cataba las colmenas, el colmenar había pertenecido a mi bisabuela y ahora era de todos sus nietos. Según el diccionario de la RAE catar en una de sus acepciones significa castrar las colmenas (quitar a las colmenas panales con miel, dejando los suficientes para que las abejas puedan mantenerse y fabricar nueva miel). El día de la cata había que levantarse temprano, normalmente solía ser antes de la salida del sol para que las abejas estuviesen todavía adormiladas y no demasiado agresivas. Todos juntos partían hacia el colmenar, una  vez allí se hacía una lumbre con estepas porque en marzo las mañanas seguían siendo frías. Las ascuas y la hojarasca se metían en una especie de fuelle (el ahumador) que producía bastante humo para alejar y atontar  a las abejas. Los más duchos en el oficio y pertrechados con caretas construidas con rejilla y tela de saco se encargaban de abrir las colmenas y los hornos (especie de colmenas incrustadas en la pared) y sacar los panales, dejando unos cuantos para que se pudiesen alimentar. Antaño las colmenas eran un simple tronco de árbol vaciado (casi siempre de roble ya que es una madera muy dura y resistente) o unas tablas de madera cubiertas por tejas y en su interior tenían una cruz de madera que servía de sostén a los panales. Las colmenas estaban situadas sobre una piedra y unidas a ella mediante barro, en la parte superior se colocaba una tapa de madera sujeta con barro y unas tejas que servían para protegerla de la lluvia y de los roedores.

El colmenar es un edificio de piedra sin techo situado en los Vahijuelos, cerca del camino que lleva al Pinar de arriba y también del Cubillo de los enfermos, está rodeado de romero, brécoles y de otras hierbas aromáticas como el tomillo, así como de estepas y algunas bergazas cerca del arroyo. El  pinar está situado al norte, los chopos y bergazas al este, es un lugar agradable para las abejas.

 

 

Con varios instrumentos de hierro o madera, se desprendían los trozos de cera con miel, o se cortaban si eran muy grandes, y se colocaban en unos barreños y más tarde en las gamellas que luego eran transportadas al pueblo normalmente en la cabeza de las mujeres.

Los niños cortábamos un trozo de panal y nos lo comíamos directamente, nunca he probado miel más buena que ésta. Si nos picaba alguna abeja ya sabíamos el remedio: quitar el guizgue (aguijón) si se podía, coger un poco de barro, mezclarlo con agua y poner este emplasto en la picadura y así normalmente no solía hincharse.

Una vez transportada la miel a casa de mi tía comenzaba el siguiente paso, para ello se cortaban estepas y se llevaban al pueblo.  Si se quería miel destilada se ponían los panales sobre una criba y debajo un barreño y la miel iba cayendo, esto no era lo normal, lo normal era cocer la miel ya que el otro procedimiento era muy laborioso. En una caldera de hacer morcillas se ponía un poco de agua y varios panales, con un palo de madera se daba vueltas hasta que la cera se deshacía y se retiraba antes de que cociese. Una vez retirado del fuego se dejaba reposar toda la noche, a la mañana siguiente la cera se había enfríado y se había transformado en una gran torta, la miel estaba debajo de la cera.

Al tercer día la cera se cocía con agua y se sacaba el aguamiel. Con este aguamiel mi madre hacía mostillo (aguamiel, una papeleta de flan potax, un poco de harina y unas rayaduras de naranja).  A mí me encantaba el mostillo ya que era una especie de flan y estaba bastante dulce debido al aguamiel, se podía comer solo o untado en el pan.

Cada miembro de la familia, es decir el nieto que representaba a cada uno de los hijos de mi bisabuela, llevaba unas orzas donde se metía la miel, unos años había más y otros menos, dependiendo de como hubiese sido el año de frío. Estas orzas se guardaban en la despensa tapadas con una tapa de madera. Era costumbre dar a los niños pan con miel para merendar, la verdad es que lo necesitábamos porque gastábamos mucha energía, nos pasábamos el día corriendo de acá para allá.

 

Colmenar de la Tiá Salvadora

 

Últimamente me he dado cuenta de que cada vez hay menos abejas, claro que debe ser a nivel mundial, supongo que con tanto pesticida y herbicida nos las estamos cargando, espero que no sea así porque nuestra vida depende en gran parte de ellas ya que son las encargadas de polinizar los árboles y las plantas. Ahora las colmenas son una especie de caseta baja y con una abertura parecida a la de los buzones de correos, suelen estar situadas en las laderas donde les da el sol. En Espeja de San Marcelino hay unas cuantas en el camino que lleva a Espejón.

 

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