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Una canción de Carnaval

6 Mar

Este año el Carnaval ha caído muy tarde y no como suele ser normal otros años que se suele celebrar en febrero. Este fin de semana comienza la fiesta y acaba el día 9 de marzo  con el “Entierro de la Sardina”.  Estas fiestas se celebran desde antiguo y parece ser que tienen un origen pagano, con la llegada del cristianismo a partir del miércoles de ceniza comienzan los 40 días de Cuaresma que prohibe comer carne los viernes, excepto si pagabas la bula (por lo menos antiguamente era así). Mi madre y mi padre me han contado que cuando ellos eran jóvenes en estas fiestas era costumbre sacar  “La Vaca Romera” para asustar a los niños, el disfraz se hacía con una escalera, unos cuernos, una sábana pintada de vaca y cencerros y esquilas atados a los lados y en el cinturón de la persona que se disfrazaba para que hicieran ruido.

 

Espeja vista desde La Sierra

 

Cuando yo era pequeña subía a la parte de arriba de la casa (la cámara) donde mi madre guardaba ropa antigua y solía disfrazarme con un vestido largo de gasa lleno de botones y una pamela. Los pocos niños que quedábamos en el pueblo nos reuníamos para cantar la siguiente canción que todavía guardo en su papel original y de ello ya han pasado 30 años o más.

 

El Martes de Carnaval,

de gitana me vestí,

me fui al salón de baile,

por ver a mi novio allí.

 

Me dijo: gitanilla digamé con salero,

la gracia que tengo yo,

la gracia que tienes tú,

que eres un chico muy guapo,

pero muy camelador.

 

Camelas a dos mujeres,

ésas te las digo yo,

a una morena muy guapa,

y a una rubia como yo.

 

Si te casas con la rubia,

has de ser muy desgraciado,

casaté con la morena,

y serás afortunado.

 

Otra costumbre que se ha perdido era la de arreglar los caminos. El Regidor del pueblo avisado por el alcalde debía dar la orden a los Escancianos (dos recién casados) para que convocasen a todos los hombres para el arreglo de los caminos vecinales. Antes de volver y una vez acabado el trabajo se hacía una merienda con la comida que habían traído cada uno de su casa. A la vuelta era costumbre tocar las campanas y reunirse en la CASA VILLA (Ayuntamiento) para beber. Los escancianos llevaban dos o tres cántaros de vino e invitaban a todos los hombres (una costumbre un tanto machista, pero eran otros tiempos). Este día también era típico sembrar árboles.